FEBRERO 2026
INTRODUCCIÓN
Cuando hablo de la escuela de antes, no lo hago desde la nostalgia ni desde el “todo tiempo pasado fue mejor”. Hablo desde la experiencia de haber trabajado en aulas durante más de treinta años y haber visto, paso a paso, cómo el sistema educativo se ha ido transformando… y debilitando.
La escuela no era perfecta, pero tenía un propósito claro: enseñar, exigir, acompañar y preparar para la vida. Hoy, ese propósito se ha diluido entre discursos, cambios de leyes y una confusión profunda sobre qué significa realmente educar.
¿CÓMO ERA UN AULA HACE 30 Ó 35 AÑOS?
En un aula de hace décadas convivían alumnos muy distintos. Había niños con dificultades, otros con gran facilidad para aprender, alguno con necesidades especiales (cuando apenas se hablaba de ello) y también alumnos brillantes.
La diferencia fundamental era esta:
– El nivel curricular estaba claro.
– El esfuerzo era un valor.
– El error formaba parte del aprendizaje.
– El docente tenía autoridad pedagógica.
Un alumno podía repetir curso sin que eso supusiera un drama social. Repetir no era un castigo, era una oportunidad para consolidar aprendizajes.
La diversidad siempre existió (aunque ahora se pretenda lo contrario)
Uno de los grandes engaños actuales es hacer creer que antes no existía la diversidad.
Claro que existía. Había alumnos con dificultades de aprendizaje, con problemas familiares, con necesidades educativas especiales y también alumnos con altas capacidades. La diferencia es que no se maquillaba la realidad ni se bajaba el nivel general para sostenerla.
Se trabajaba desde la exigencia y el acompañamiento, no desde la renuncia.
¿QUÉ EMPEZÓ A CAMBIAR?
Con el paso de los años comenzaron los grandes cambios:
– Reformas educativas constantes.
– Eliminación progresiva de la exigencia.
– Confusión entre inclusión y rebaja de nivel.
– Miedo al fracaso, al esfuerzo y a la frustración.
Poco a poco se fue instalando la idea de que nadie debía sentirse mal, aunque eso implicara no aprender.
Y ahí empezó el verdadero problema.
LA ESCUELA DE HOY: ENTRE LA SOBREPROTECCIÓN Y EL VACÍO
Hoy el aula es un espacio profundamente desdibujado.
– Se evita exigir para no frustrar.
– Se evita corregir para no señalar.
– Se evita suspender para no generar conflictos.
El resultado es una escuela donde muchos alumnos avanzan de curso sin las herramientas básicas:
– Dificultades graves de lectura.
– Escritura deficiente.
– Falta de cálculo mental.
– Escasa comprensión lectora.
– Esto no es inclusión.
– Es abandono educativo.
¿QUÉ SE PERDIÓ POR EL CAMINO?
Se perdió:
– El valor del esfuerzo.
– El respeto por el aprendizaje.
– La autoridad pedagógica del docente.
– El sentido real de la evaluación.
Y, en ese proceso, se perdió también algo esencial: el lugar de los alumnos con altas capacidades, que antes podían avanzar, profundizar y destacar, y ahora muchas veces quedan atrapados en un sistema que no les ofrece ni reto ni comprensión.
CONCLUSIÓN
Mirando hacia adelante. Reconocer lo que se ha perdido no es retroceder. Es el primer paso para entender por qué la escuela actual no funciona como debería.
No se trata de volver atrás sin más, sino de recuperar lo que sí funcionaba y adaptarlo a la realidad actual sin vaciarlo de contenido.
Porque educar no es proteger del mundo, sino preparar para vivir en él.